Como un recuerdo al cóndor, ave de gran tamaño en proceso de extinción, se levanta este monumento en las entrañas mismas de su último hábitat en la gran ciudad. La obra del artista Víctor Delfín, bella y singular, trata también de perennizar con esta figura el mestizaje y las contradicciones que tenían en sus celebraciones religiosas y populares nuestros antepasados.